Texto original publicado na Punto Sur, Revista de Geografia da Universidade de Buenos Aires, Argentina, edição 13, 2025.

(…)
 
“Cartografias precisas” é uma série de trabalhos de 2009. Nesses desenhos, busquei sobrepor dois mapas de um mesmo continente. O desencontro desses contornos dos mapas mostrava tanto as diferenças de projeções cartográficas quanto as diferenças de desenhos de cada mapa (mesmo quando eu usava a mesma estrutura de projeção). Essas diferenças entre os desenhos que representam o mesmo lugar, continente ou região parecem aportar um senso de humanidade aos mapas.
A cartografia tende a ser percebida pelo viés de sua precisão, como se fosse um trabalho mais próximo das ciências exatas do que um trabalho que envolve criação, escolhas e distorções diversas. E são justamente essas distorções que me levaram a, pouco a pouco, me concentrar em formas de expandir tais deformações e modos de refazer mapas.
Os desenhos de mapas são, obviamente, baseados em dados precisos, mas também são invenções carregadas de diversos interesses, frutos de momentos históricos, são desenhados com interesses de mostrar alguma dimensão específica de determinada realidade. As projeções cartográficas se tornaram uma obsessão e passaram a me acompanhar no trabalho de ateliê. Estudo diversas projeções, às vezes as reinvento, outras vezes busco modos de confrontar ou reinventar o mapa com materiais que possam atribuir uma nova camada de distorção aos desenhos cartográficos.
A deformação é, portanto, parte central do meu interesse, como se eu tivesse me tornado uma observadora atenta de traduções e dos múltiplos sentidos que as palavras podem adquirir ao serem transportadas de um idioma para outro: algo se perde nesse movimento de tradução, mas algo também se desdobra nessa “perda”, enquanto sentidos e significados se transformam e se expandem.

 
Verónica Hollman (2014) sostiene que, para analizar los registros visuales, es importante tener en cuenta el contexto lingüístico.(7) El paratexto, según la autora, “ofrece coordenadas para la interpretación visual propiamente dicha y los modos de mirar que se promueven” (Hollman, 2014:62). Entonces, el paratexto Cartografía precisa (Figuras 4, 5 y 6), que Marina eligió para este trabajo, (me) hace pensar si existe alguna cartografía que verdaderamente lo sea. Hace tiempo que los historiadores de la cartografía han puesto sobre el tapete que la
precisión debe ser considerada en su contexto histórico y cultural. Pero ¿qué pasa con los mapas realizados con métodos modernos? Tal como planteó Anderman (2000), no es solo en la escala donde encontramos el principal artificio de la cartografía: el hacernos creer que el cambio de tamaño es la única modificación que el mapa se permite respecto del terreno que representa. Para el autor, la planimetría también es un artificio, ya que el mapa “es un artefacto cuya supuesta fidelidad a la naturaleza es, ella misma, un concepto manufacturado y consensuado en el ámbito de la cultura” (Anderman, 2000:102).
 
Tal vez deberíamos pensar la cartografía como una ficción, en los términos que plantea el autor argentino Juan José Saer, ya que esta, cuando recurre a lo falso, lo hace para aumentar su credibilidad. El carácter utilitario del mapa está en función de si cumple (o no) los objetivos que se propuso quien lo dibujó, incluso si el cartógrafo es un artista visual —como Marina— o un poeta, como en las cartografías literarias. El otro punto que me gustaría mencionar de la serie Cartografía precisa es el carácter humano que Marina, en su texto, le otorga al mapa. Dice Aída Carballo: “todo que-hacer es social, si su hacedor es capaz de levantar la cabeza de su objeto y mirar a su alrededor”.(8) ¿Puede un cartógrafo no levantar la cabeza para hacer su mapa, incluso si lo realiza por computadora? La tecnología ha profundizado la idea de que el mapa es el resultado de mediciones concretas, neutrales, fijas. El aparato —ya sea el teodolito, el GPS o, en su momento, la cinta invar— suele plantearse como mediador neutral entre el ojo del topógrafo/cartógrafo y el dato obtenido. Sin embargo, con la prótesis técnica, dice Besse, “el cuerpo implicado desborda la técnica mientras la utiliza, conduciéndola más allá de ella misma, hacia la experiencia humana de la construcción dialógica de sentido” (2013:51). La mediación técnica no impide que el operador mire a su alrededor, que dibuje. Después de todo, “es el acto mismo de dibujar lo que fuerza al artista a mirar el objeto que tiene delante, a diseccionarlo y a volverlo a unir en su imaginación o, si dibuja de memoria, lo que lo fuerza a ahondar en ella, hasta encontrar contenido de su propio almacén de observaciones
pasadas” (Berger, 2014:7).
El cartógrafo, como el dibujante de Berger, está obligado a mirar, a tomar apuntes y hacer anotaciones. Esa observación del espacio es, justamente, el carácter social del mapa. No existe cartografía que no sea social.
 
(…)

ACESSAR TEXTO COMPLETO